Entre vinos anda el juego

Viniendo de una tierra con gran tradición vitivinícola tendría delito no realizar un Seminario Intensivo de Vinos Mendocinos, estando justamente en la localidad de Mendoza.

Situada a los pies de los Andes, Mendoza tiene un clima muy propicio para la elaboración de vinos y entre sus especialidades destacan el Merlot, el Torrontés y sobre todo el Malbec ideal para acompañar un buen asado. El seminario se realizó en la bodega Familia di Tomasso, comenzando con un paseo por los viñedos, bastante dorados en esta época tan otoñal.


Tras pasar al interior de la bodega nos explican el proceso de elaboración del vino. Como en Jerez, también se usan botas de roble americano aunque acá se llamen barricas, pero el modo de elaboración es bien distinto. El vino de la cosecha va a la barrica y en apenas un año sale embotellado al mercado. Se ve que en Jerez nos complicamos un poco más llevando un sistema de "soleras" y "criaderas" donde las botas se colocan unas encima de las otras a modo de pirámide. El vino joven va en la fila de arriba y a medida que pasa el tiempo y se envejece baja a la bota inferior cambiando de textura, sabor y de nombre.


De este proceso de elaboración tan peculiar resultan una gran variedad de vinos, procedentes de tan sólo 3 cepas de uva distintas, todas blancas. Ahí radica la gran diferencia con el vino argentino, cada cepa define un tipo de vino y no su elaboración. La clase teórica la terminamos con una cata de vinos de la bodega, entre ellos uno bastante dulzón y con cierto gusto a Jerez.


Una última curiosidad: en ninguna de las salas, incluso ni dentro de las piletas de fermentación olía a vino. Según la profesora sí que se podía percibir el olor, pero comparado con Jerez que caminando por la calle Medina huele a vino, no hay color...

Besos embriagadores,
Lola.-

De profesiones curiosas y otros inventos: el paseador de perros

Existe una figura que aunque quiera no puede pasar desapercibida cuando caminas por los parques de Buenos Aires y esa es la del paseador de perros. Esa persona que intenta salir a flote en un mar de correas, que dirige con maestría a una jauría de perros ansiosos por comerse la calle, que aguanta el tipo en las heladas mañanas de julio...

Generalmente el paseador de perros no hace distinción: igual lleva labradores, que caniches o chihuahuas, pero lo que nunca falla es el elevado número de animales que pasea. Con un mínimo de 6 y un máximo de 14 (visto hasta el momento) este personaje se maneja hábilmente con los cánidos imponiéndoles pacíficamente el camino a seguir.


También es admirable el comportamiento de los canes, que aguantan ser arrastrados en contra de su voluntad en medio de una marabunta de patas, hocicos y rabos. Cómo se acostumbran a caminar en grupo y llevarse bien con compañeros tan dispares es un misterio para mí. Es evidente que ellos preferirían estar trotando alegremente por el parque, persiguiendo pájaros o ardillas pero de alguna manera disfrutan del garbeo matutino con su paseador.

Y bueno, el rastro que dejan estos adorables animalitos por el camino es algo con lo que no quiero ensuciar esta entrada, así que me voy despidiendo hasta la próxima.
Lola.-


Descubriendo Perú (Parte II)

La segunda parte del viaje por el país del pisco la dediqué a hacer un curso intensivo sobre la cultura incaica. Con campamento base en la ciudad de Cuzco, a 3400 metros sobre el nivel del mar, el primer día los alumnos más avanzados realizamos un tour por el Valle Sagrado.

Empezamos por la ciudad de Písac y sus restos arqueológicos entre los que destacan las terrazas para cultivo agrícola en la ladera de la montaña. Continuamos visitando la ciudad-fortaleza de Ollantaytambo abandonada a medio construir sin razón conocida hasta el momento. Y por último terminamos ascendiendo a Chincheros y coincidiendo, de purita casualidad, con una procesión de Semana Santa.



Terrazas en Písac y Fortaleza de Ollantaytambo


Mercado textil de Písac y Semana Santa en Chincheros

El segundo día del curso, ya con la clase al completo, anduvimos por la ciudad de Cuzco visitando la Plaza de Armas, la catedral y callejuelas cercanas. El primer examen se complicó más de la cuenta y algunos pasamos la prueba de las brochetas de alpaca pero el tan famoso, que no delicioso, cuy le costó un disgusto a más de uno.


Clase al completo en la Plaza de Armas de Cuzco. Prueba del Cuy

Por la mañana tempranito salimos en minibus hacia Ollantaytambo y de allí fuimos en el tren hacia Aguas Calientes bajándonos 8 kilómetros antes de llegar. Justo ahí comienzó el examen final que sería una caminata de día completo hacia el asentamiento inca. El equipo estaba formado por 8 intrépidos aventureros y una profesora nativa especializada en la materia.


Recién bajados del tren y alistados para comenzar la aventura

Una vez alistados con litros de crema solar y loción antimosquitos echamos a andar por un escarpado camino en la ladera de la montaña. Para recuperar el aliento entre escalón y escalón, la profesora Juana Sonia nos explicaba cómo transportaban los incas la roca desde las montañas hasta el asentamiento, la cantidad de variedades de papas que se cultivaban en Perú y que aunque este año se cumplía el centenario del descubrimiento de Machupicchu, aún se desconocía el porqué del abandono de la ciudad. Se barajaban 3 teorías: epidemia, invasión enemiga o muerte del soberano, pero a día de hoy no se sabían las causas exactas.


Con la profe Juana Sonia en un parada técnica

Y bueno, ni los trastornos intestinales ni el mal de altura, ni siquiera animalillos salvajes como tarántulas o culebras evitaron que alcanzáramos nuestra meta. Justo antes de la puesta del sol llegamos a Machupicchu con una sonrisa de oreja a oreja.


Sobran las palabras

Despues de tanto esfuerzo no nos quedaba otra opción que cenar, ducharnos e irnos a dormir ya que al día siguiente, para subir nota, tendríamos que madrugar de nuevo. Y digo madrugar por llamarlo de alguna forma porque levantarse a las 3am es algo más que eso. El Waynapicchu es el monte que está justo detrás del poblado de Machupicchu y que sale en todas las fotos. Se tarda una hora en subir a su cima a pie y ofrece una panorámica del lugar bastante impresionante. El único problema (aparte de la verticalidad del camino y la falta de oxígeno) es que para preservar el entorno solo admite 400 visitantes al día. Así que hubo que hacer 3 horas de cola para conseguir la entradita.


Estación de bus de Aguas Calientes, 3am

Pero mereció la pena. Tras una visita guiada al interior de Machupicchu, la profesora nos dió tiempo libre para subir al monte y cada uno a su ritmo conseguimos superar la prueba. Ni asma, ni vértigo, ni agujetas. Subir al Waynapicchu fue pan comido.


Objetivo conseguido

Al finalizar el curso nos dieron la acreditación correspondiente y tras despedirnos de la profe volvimos al campamento base con la alegría de haber conseguido el objetivo. Ducha, cena y a dormir que la vuelta a Buenos Aires iba a ser dura.

The End.
Lola.-

Descubriendo Perú (Parte I)

Sábado 16 de Abril, 5am. Partimos en remis hacia el aeropuerto de Ezeiza mientras otros iban de regreso a casa después de una gloriosa noche de fiesta. Tras 4 horas en un vuelo de semilujo nos encontramos en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima a los becarios de Bolivia y Perú. Rápido intercambio de saludos, consejos y llaves y ya estamos camino del centro de la capital peruana para hacer un poco de turisteo.


Almorzamos como reyes ceviche y otras delicias de pescado que tanto se echan de menos en Buenos Aires y de ahí fuimos a la Plaza de Armas con la intención de tomar un café y ver el Madrid-Barça. Pero el clásico peruano tenía colapsadas todas las televisiones. Cambiamos café por Inca Kola y chicha de mora. En el taxi de vuelta a casa nos cuelan 40 soles falsos que tendremos que colocar por ahí. Tras una cena nada peruana nos vamos a la cama que al día siguiente hay que madrugar.


Domingo 17 de Abril, 7am. Partimos en taxi hacia la estación de autobuses de Lima mientras la gente ya está haciendo footing por el malecón. Tras 4 horas en un autobús de dimensiones limitadas llegamos a Ica, pueblo en el que la principal atracción turística éramos nosotros.

Almorzamos por el módico precio de 8 soles papas a la huancaína, milanesa de pollo con arroz y bebida. De ahí vamos al hotel situado en el oasis natural de Huacachina en medio de un mar de dunas. Baño en la piscina y excursión en buggie a toda velocidad por las dunas. (Para mi creo que íbamos demasiado rápido pero es que nunca me gustó la velocidad.) Barbacoa en una terracita para cenar, degustación de Pisco Sour y Mojitos y a domir.


Lunes 18 de Abril, 8am. Partimos en micro hacia Paracas, mientras los motocarros y minitaxis abarrotaban ya las calles del pueblo. Tras 40 minutos en lancha con el sol de cara, nos acercamos a Isla Ballestas donde a parte de miles de millones de aves, pudimos ver pingüinos y leones marinos.


Almorzamos un suculento arroz con frutos de mar y apuramos un último baño y unos rayitos de sol antes de volver a Ica para tomar el bus que nos dejaría en Lima ya entrada la noche. Hay que descansar porque al día siguiente cambiamos de tercio.

To be continued...
Lola.-

Reflexiones a mitad de camino

6 meses en una ciudad dan para mucho. Ya te mueves sin dificultad en todos los medios de transporte, puedes comparar precios en los supermercados, conoces a gente de allí, bares, restaurantes... Yo en este tiempo he visto muchas cosas que han captado mi atención pero bueno, sabéis que soy de pueblo y además fácilmente impresionable.

Como en todas las capitales en la vía pública como peatón, eres invisible. Da igual que esté tu semáforo en verde, que haya un paso de peatones y que hayas mostrado la intención de cruzar, si viene un coche, él siempre tendrá preferencia. Aunque realmente el semáforo del peatón no es verde, aquí el monigote es blanco y casi desde que aparece está parpadeando. Otra cosa rara es que los semáforos antes de cambiar de rojo a verde pasan por el ámbar, pero eso ya lo había visto en Inglaterra.

Las autopistas del conurbano suelen tener bastantes carriles y la circulación, si no es hora pico o te encuentras con un piquete o accidente, suele ser fluída. Hasta ahí no hay nada extraño. Lo que me resulta asombroso es el jaleo que se forma en los peajes, que aun teniendo unas 10 ventanillas en cada sentido siempre hay colas. Y lo mejor de todo es que cuando se forman las filas de coches, y estás parado más de 2 minutos todos los coches empiezan a pitar y se tienen que abrir las barreras, por ley. A nosotros nos pasó una vez y justo en el momento de pasar la barrera bajó y tuvimos que pagar los 4 pesitos de rigor.

He aprendido que para ir al supermercado tienes que ir sin prisas y con mucha paciencia. Sobre todo los días del jubilado, cuando las colas se abarrotan de señoras que revisan hasta el último centavo de su cuenta y presentan todo tipo de tickets descuento que ya me gustaría a mi saber cómo los consiguen. También está el día de las tarjetas de débito y el de las de crédito. Y bueno, del hecho de que te pregunten si un pago de 100 pesos (20 euros) lo quieres pagar en cuotas ya hablaremos otro día...

Tengo entendido que cada edificio es el responsable de mantener su trozo de acera en buen estado. Bueno más que el edificio, la comunidad de vecinos. De ahí que haya tramos en los que las baldosas están sueltas y vas jugándote la vida a cada paso. Además como haya llovido te salpicas enterita. Me recuerda a la gaditana calle Sacramento cuando iba yo a la universidad... Ah! Otra costumbre que tienen los encargados de los edificios por aquí es el regado matutino. Sí, muy higiénico y tal pero cuando te mojan los pies ya no te parece tan buena idea.

En la mayoría de los edificios el interfono, portero o telefonillo está de adorno. Es cierto que te vale para saber quién te llama y hay veces que hasta lo puedes ver en la tele si tienes el canal sintonizado, pero lo que viene siendo el botón para abrir la puerta... ¡no funciona! Si tienes un encargado buena gente y disponible las 24h pues no pasa nada, él abrirá la puerta si tú lo autorizas. Otra cuestión es que desde dentro del portal no se pueda abrir la puerta si no es con llave. Muy útil desde el punto de vista de la seguridad pero un coñazo si cada vez que tienes visita has de bajar a abrirle cuando se marchan.

Y bueno, que en los restaurantes te invitan obligatoriamente a dejar propina es algo a lo que no me acostumbro. Tampoco a que un desconocido me deje subir al bus primero aunque haya llegado la última. Y que paseando por la calle te digan 'me matás con esa sonrisa' creo que me sorprenderá siempre. Ya véis que quitando que el agua de los desagües gira en el sentido de las agujas del reloj y que la luna creciente tiene forma de C, no hay tantas diferencias... ¿o sí?

Lola.-

De transportes públicos y otros desastres: el colectivo

En la Argentina los autobuses no se llaman autobuses sino colectivos, micros, bondis e incluso omnibuses. Y lo más importante de todo: los transportes públicos no se cogen. Puedes tomar un colectivo o agarrar un bondi, pero si intentas cogerlo te miraran medio raro.

Colectivo 110Colectivo 130
Colectivos que tomo para ir a Plaza Serrano y para ir a la estación de Retiro.

A la hora de moverte en colectivo lo esencial es conseguir plata para pagar el boleto. Y cuando digo plata, me refiero sólo y exclusivamente al metal. No se puede pagar con billetes porque el colectivero tiene que concentrar toda su atención en conducir temerariamente y no tiene tiempo para darte cambio. Es por ello que cada colectivo tiene su máquina expendedora de boletos donde introduces el importe y hasta te devuelve el cambio. Creo que ya lo comenté en otra ocasión, pero lo reitero: las monedas aquí son un bien escaso así que si viajáis a Argentina y milagrosamente os devuelven monedas no las uséis sino es para viajar en colectivo. También es cierto que desde hace unos meses acá, se está instalando un sistema de pago con tarjeta en colectivos (SUBE) pero aún no está operativo en todas las líneas.

Así que nada más subir al colectivo el conductor te preguntará cual es tu destino y te calculará el precio del boleto según los kilómetros del recorrido. Yo ya he optado por decir siempre "1.20 por favor" que más o menos sería el precio estándar. Tengo que aclarar que el precio de los billetes está parcialmente subsidiado por el Estado de la Nación, de ahí que sólo cueste 25 céntimos de euro moverte por la ciudad.


Subsidio en colectivos
Letreros que están en todas las líneas de bus.

Y nada a partir de ahí si tienes suerte te sientas y si no pues te agarras fuerte a la barra y a disfrutar de los vaivenes del viaje.

En Buenos Aires hay como unas 120 líneas diferentes de autobús urbano, agrupadas por compañías y que te llevan a cualquier punto de la ciudad. Las paradas de bus son un poste con el número de autobús que para y en ocasiones un breve resumen de las calles que atraviesa. Nada de mapas esquemáticos, ni planos con colores. La ciudad es demasiado grande y hay tantas líneas diferentes que el círculo cromático se quedaría corto... Y entonces, ¿cómo sabes qué colectivo te deja cerca de tu destino? Pues muy sencillo, para eso existe un librito llamado Guía T, que es la Biblia de todo porteño para moverse por la ciudad.

Guia T
¡Viva la Guía T!

La Guía T de Capital Federal divide la ciudad en cuadrículas y te marca que colectivos pasan por cada cuadro. Además al final contiene un glosario con todas las calles por las que pasa cada línea en ambos sentidos, los ramales, desdobles y demás. Todos fuimos reticentes en el primer momento pero una vez que te acostumbras no sales de casa sin ella.

Colectivo 37Colectivo 10
Colectivos que uso para volver de Aeroparque y para ir a Microcentro o San Telmo.

El horario y la frecuencia de los colectivos es secreto del sumario. Durante el día no suelen pasar más de 10 minutos entre autobús y autobús, depediendo claro está, de la línea y la zona en la que estés. Aunque es muy probable que te lleves un rato largo esperando un bus y de repente aparezcan 3 seguidos... Por la noche necesitas algo más de suerte, el 90% de las veces te desesperas y acabas parando un taxi.

Y una última recomendación, cuidadín al bajar. Aunque se abran las puertas, no os tiréis del vehículo en marcha!

Nos vemos en el camino,
Lola.-

Cambiando de Equinoccio

Estamos a finales de Marzo y empieza el otoño aquí en el hemisferio sur.... NOOOOO! No quiero que acabe el buen tiempo, ni la jornada intensiva, ni el jacuzzi, ni la pileta, ni las terracitas, ni las tardes pa mi, ni las sandalias, los trajecitos, las tirantas...

No quiero que se me vaya el moreno, quiero que vuelvan las tormentas de verano, esas que te empapas y no te resfrías, me da igual el calor insoportable y la sensación térmica de 45ºC, quiero que vuelva el vecino de abajo a quejarse porque le chorrea mi aire acondicionado. ¡No quiero que pase el tiempo!

Y aunque seguro que llegan cosas buenas, me gustaría disfrutar un poquito más de la terraza, de los paseos al sol que achicharra, de los helados que se derriten, del salmorejo con tomate colorao, de la sandía fresquita, del melón con jamón, de los pantalones cortos, del windsurf, del barquito de vela, de la lancha por Tigre, del me subo a la azotea, del ay que brisita tan agradable...

No quiero que se acabe el bloqueador solar ni el aftersun pastoso, quiero seguir usando las gafas de sol, las sillas de la playa para ir al parque, no tener que llevar rebeca, ni siquiera pañuelo, disfrutar de la ciudad semidesierta, comer en casa y tirarme en el sofá, salir con el pelo mojado, caminar por la calle y que te caigan gotas de los aires acondicionados...

A pesar de la caló el verano es la mejor época, por mucha humedad que haya. A mí es lo que más me gusta y en menos de un año he disfrutado de dos. Ahora tendré que aprender a apreciar el invierno porque también se vienen dos...

Saludos desde un marzo muy otoñal,
Lola.-